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martes, 25 junio, 2024

El encarecimiento de la vivienda sume a 780.000 niños y niñas más en la pobreza

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«Nos estamos encontrando madres que no tienen muchos estudios y casi siempre se dedican a la limpieza, por lo tanto los salarios son muy bajos, lo que hace que no pasen ningún estudio de solvencia en la Comunidad de Madrid por ellas mismas. Esto es un gran problema porque no hay manera de que puedan encontrar algún piso de alquiler aquí en Madrid». Esta declaración de una trabajadora social de una ONG viene a ejemplificar el caso de miles y miles de familias que tanto en la región madrileña, como en otras tantas comunidades autónomas, tienen dificultades para acceder a un hogar.

En los últimos años, tanto el alquiler como la venta de viviendas no ha dejado de subir, lo que impide el acceso de ciertos colectivos a un hogar en el que crear una vida digna y segura. Para muchos niños y niñas y sus familias, la exclusión residencial se está convirtiendo en un factor importante de incremento de la pobreza infantil, cuya tasa en España se sitúa ya en el 28,9%, es decir, hasta 2,3 millones la sufren. Si se dedujeran de los ingresos los gastos de la vivienda, otros 780.000 menores más caerían en riesgo de pobreza, elevando la tasa hasta el 38,6%.

UNICEF, a través de su informe Yo también vivo aquí, expone que la exclusión residencial tiene efectos sobre la salud física y mental y la educación de niños y niñas, pero también en el acceso al ocio y actividades de tiempo libre y en las relaciones intrafamiliares o con iguales, aparte de los impactos que pueda tener en sus oportunidades futuras. Sin embargo, como denuncia el director ejecutivo de UNICEF España, José María Verala, la «infancia está prácticamente invisibilizada en las políticas públicas relativas a este ámbito».

Situaciones de hacinamiento

La subida de precios de la vivienda, la falta de acceso a la misma por parte de familias vulnerables, la escasez de vivienda pública, o situaciones de discriminación y barreras para alquilar una (muchas veces por razón de etnia y nacionalidad pero, también, por ser familias monomarentales o monoparentales) hacen que muchas personas dispongan de menos recursos para otras necesidades que tienen los niños y niñas.

También muchas se ven abocadas a vivir hacinadas, en viviendas precarias o, directamente, en infraviviendas, lo que afecta al 9,6% en la población menor de 18 años.

La infancia está prácticamente invisibilizada en las políticas públicas relativas a la vivienda

José María Verala

— Director ejecutivo de UNICEF España

Porque, según el informe, más de medio millón de niños, niñas y adolescentes en España viven en una vivienda que sufre carencia severa. Esto quiere decir que, además de vivir en una casa hacinada, su hogar presenta goteras en el tejado; no dispone de baño, ducha o retrete interior; o es demasiado oscura.

Problemas en la salud

En ocasiones, la única opción que tienen las familias es compartir pisos con otras personas, lo que, según los autores, lleva a «problemas de convivencia entre unidades familiares» de diversa índole: «desde conflictos por el espacio o los recursos domésticos, la falta de intimidad individual y familiar, la presencia de adultos ajenos a la familia cuando los o la progenitora está trabajando, la dificultad añadida para buscar personas de confianza para cuidar de los menores, etc», apuntan los autores. 

En general, la falta de una vivienda adecuada, asegura UNICEF España, supone un obstáculo para acceder al derecho a un nivel de vida apropiado y afecta a las oportunidades de futuro, además de repercutir en otros ámbitos y derechos de la infancia. Por ejemplo, en la salud mental. Pueden sufrir problemas que derivan tanto de la incertidumbre ante la inseguridad residencial (los pequeños pueden somatizar el estrés de su entorno familiar si son conscientes, por ejemplo, de que los adultos no pueden pagar las facturas), como de las consecuencias de vivir hacinados (y, por tanto, con un solo baño para muchas personas o sin un lugar de estudio adecuado).

Además, la falta de intimidad y de espacio de los niños, y especialmente las niñas, puede ocasionar riesgos de violencia y abuso. Asimismo, pasar demasiado frío, como ocurre en hasta el 16,7% de los hogares con niños en invierno, aumenta el riesgo tanto de que sufran problemas de salud física como de que tengan accidentes domésticos relacionados con incendios o intoxicación si en su hogar se utilizan alternativas al suministro energético como velas o estufas.

Problemas en el futuro

Además, recuerdan que muchos de estos pequeños a menudo tienen más dificultades para desarrollar con normalidad la educación obligatoria. La falta de un espacio adecuado para estudiar o hacer los deberes con un mínimo de tranquilidad comprometen el desarrollo escolar y personal infantil, lo que más adelante puede poner en jaque las posibilidades de inserción en el mundo laboral.

«Hemos comprobado que las tasas más altas de retrasos en pagos relacionados con vivienda se concentran en los hogares con niños, o que la sobrecarga en el gasto en vivienda es mayor para los menores de 18 años, cosa que solo ocurre en seis países de la Unión Europea. Por tanto, es necesario abordar este problema y tener en cuenta a la infancia, algo que no está ocurriendo: el Plan Estatal de Acceso a la Vivienda, por ejemplo, no menciona ni una sola vez a los niños y niñas o a la infancia, solo los considera un ‘anexo’ a la situación familiar. La infancia debe ser tenida en cuenta», pide Vera.

Por todo, la agencia de las Naciones Unidas en España propone que se impulsen, refuercen y doten de recursos las medidas en el ámbito de vivienda del Plan Estatal para la Implementación de la Garantía Infantil Europea; que se asegure la ampliación del parque público permanente de vivienda en alquiler reúna las condiciones adecuadas para familias con niños y niñas; o que se desarrolle una Estrategia estatal de erradicación de asentamientos chabolistas y de infravivienda, entre otras medidas. Soluciones para solucionar el presente y el futuro de muchos de los menores que viven en España hoy.

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