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viernes, 21 junio, 2024

Por la crisis económica se dispara la demanda para dos viejas profesiones artesanales

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“Nada se tira, todo se repara”. Esa es la premisa que abunda cada vez más en los hogares del país, dado que comprar indumentaria o calzado nuevo no es una opción debido a los grandes aumentos que hubo para estos rubros. Los precios de los arreglos resultan notablemente más económicos que volver a comprar una prenda nueva.

La suba permanente de los precios en el país produce que las personas fortalezcan su capacidad de adaptación para hacer rendir sus pesos. La imposibilidad de gastar en una prenda hace que tengan que reencontrarse con aquellas viejas ropas o volver a darle una nueva oportunidad a ese par de zapatillas que dejaron a un costado por alguna rotura.

Con esta premisas, profesiones antiguas resurgen y se convierten en necesarias. “La gente está reparando de todo. Los arreglos son extremos, me llegan a traer hasta sábanas”, relata Angélica González, una costurera amateur que comenzó a coser en plena pandemia, confeccionando barbijos para poder pagar su alquiler, y que de a poco el negocio fue mutando a los arreglos típicos de las prendas de vestir.

“La ventanita de Angelica”, es el nombre que lleva su emprendimiento haciendo alusión a la ventana de su casa en Monserrat. Después de varios años arreglando ropa, la mujer asegura que “en este último tiempo la demanda de trabajo aumentó un 90%”.

“Hay prendas que vos las ves y decís que es imposible y ellos te dicen ‘bueno, pero no importa que se vea feo, yo solo quiero que se pueda usar, no importa que se note’”, relata. Allí arregla, borda, emparcha, coloca cierres, etc, “todo tiene una nueva oportunidad”.

Angélica con su herramienta de trabajo y una demanda que no para. Foto: Luciano ThiebergeAngélica con su herramienta de trabajo y una demanda que no para. Foto: Luciano Thieberge“Cuando me dejan las cosas dicen que la situación económica está muy dura y que necesitan salvar x prenda porque no tienen plata para comprarse una nueva. Estamos trabajando mucho. E incluso tengo varias clientas que traen vestidos de novia viejos y los vienen a ajustar a su cuerpo”, explica.

Además de los emprendimientos de costura de cercanía, que representan una oportunidad para que los clientes busquen salvar su ropa, también están las tiendas que llevan varios años en este rubro. “Los Ángeles”, desde 1948, se dedica a la costura y a comercializar materiales para esta área. “En los últimos tiempos hubo un incremento en los arreglos de ropa. Muchos clientes acuden con sus prendas para arreglar y se van satisfechos, porque les resulta muy costoso comprar ropa nueva”, dice Sabrina Caprara una de las dueñas

En el negocio hacen arreglos de diferentes prendas, como dobladillos, cambios de cierre, de mochilas, etc. Para Sabrina, las prendas que llegan con más frecuencia son ropa de trabajo. “Tiene una frecuencia de uso muy alta y por eso se va rompiendo. Entonces la gente prefiere hacerle remiendos y arreglarla al máximo antes de acudir a comprar algo nuevo”, remarcó.

Con el comienzo de clases, Sabrina remarca que “mucha gente comenzó a venir con guardapolvos y uniformes para hacer varios arreglos”. “Por ejemplo, cambios de cierre y dobladillos en polleras y pantalones colegiales, cambios de cuellos y ribetes de bolsillos en guardapolvos, costura de pitucones en rodillas y codos y además, bordamos el nombre en los pintorcitos y bolsitas de jardín de infantes”, enumera.

El calzado

“Me agarrás justo con mucho trabajo, hoy no paro de hacer entregas”, dice Nina Sánchez, una zapatera de Recoleta. Ella y su hermano comenzaron en 2007 con el emprendimiento de compostura de calzados “Fabrizio”. “Estoy hace ocho años como zapatera. Por la situación de ahora hay más clientes, prefieren mil veces traer a arreglar que comprar un par nuevo. Ahora con el comienzo de clases estamos a full recibiendo mochilas, zapatos y zapatillas, de todo”, dice.

Nina ve cómo la demanda de reparación de calzado crece. Foto: Luciano ThiebergerNina ve cómo la demanda de reparación de calzado crece. Foto: Luciano ThiebergerEn Caballito, Bruno Remotti emprendió “Klean Kicks”, comenzó como coleccionista de zapatillas, cuando comenzó en ese mundo empezó a instruirse en el rubro y diseñó un limpiador de zapatillas. Hoy en día se dedica a la limpieza y restauración de calzados “para dejarlos como nuevos”. En la cotidianeidad de su trabajo ve que cada día la demanda aumenta, “ahora es el momento de cuidar mucho más la zapatilla”, remarca.

Los arreglos de Bruno llevan un trabajo aún más profundo, que va desde la limpieza, hasta la restauración completa del calzado. “La restauración depende del estado de cada par por eso le pedimos foto por qué también hay cosas que se pueden y otras que no. Hay pares que necesitan pintura u otros trabajos de costura, de molde, pegado, también limpieza o blanqueamiento de suela”, explica.

Precios

Comprar un par de zapatillas nuevas representa un gran peso para el bolsillo, porque los precios van desde los $30.000 hasta los $130.000. Y las marcas de gama alta llegan a estar entre los $ 150.000 y los $ 300.000.

En cuanto a los calzados, los precios de los arreglos típicos marcan una gran diferencia. El cambio de base de una zapatilla o zapato va de los $ 18.000 a los $ 25.000, las costuras en los calzados $1.800, la tapa de zapato entre $ 4.500 y $ 5.500. Y en cuanto a la limpieza ronda entre los $ 10.000 y $ 15.000.

Nina con una bota que le llevaron para reparar. Foto: Luciano ThiebergerNina con una bota que le llevaron para reparar. Foto: Luciano ThiebergerEn el caso de la indumentaria, un cambio de cierre va desde los $ 3.000 a $ 4.000. Un bordado sale $ 2.000 y un dobladillo $ 3.000.

Entre los encargos que le llegan es frecuente el recambio de cierres en camperas, pantalones tipo jeans o mochilas. “Los precios de los arreglos son muy inferiores al costo de comprar una prenda nueva, ya que un jean cuesta de $ 20.000 arriba”, remarca Angelica.

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