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sábado, 22 junio, 2024

Estados Unidos se pone límites en su competencia con China por el mercado de los chips

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EE.UU controla a través de sus principales empresas fabricantes de semiconductores – Intel, Nvidia, Qualcomm, AMD, y Micron – el mercado de los “chips” más avanzados del mundo, que están centrados en la producción de los equipos de 3 nanómetros que constituyen la punta de lanza del proceso de digitalización de la economía global.

Por su parte las compañías chinas encabezadas por Huawei y SMIC prevén fabricar este año semiconductores del tipo de 5 nanómetros, que son los que están inmediatamente por detrás de la vanguardia norteamericana.

Esto significa no sólo que la brecha tecnológica entre las superpotencias tiende a cerrarse vertiginosamente, sino que también las fabricantes de EE.UU actúan con la absoluta certidumbre de que sus competidoras chinas pueden alcanzarlas en los próximos 5 años.

El más potente de los procesadores de Huawei es el denominado “AI Ascend920”, que puede ser utilizado incluso en la fabricación de nanómetros de la 3era Generación, hasta ahora en manos de las compañías norteamericanas, y en especial de Nvidia, líder de los “chips” plenamente potenciados por la Inteligencia artificial.

La brecha tecnológica entre las productoras de “chips” de EE.UU y las de China se revela en su diferente estructura de costos, con una recarga de 40%/50% sobre las chinas respecto a las norteamericanas.

En suma, las medidas de restricción en la transferencia de tecnología que ha realizado el gobierno de Joe Biden para impedir o frustrar la competencia global de la República Popular, ha tenido como principal consecuencia, no querida pero absolutamente objetiva, acelerar la fabricación de los “chips” de avanzada en China.

El extremo de esta paradoja es que ahora las mayores compañías estadounidenses prevén que la antorcha del conocimiento y la innovación en materia de “chips” pasaría a la República Popular en un plazo no mayor de 5 años.

Es un resultado directo del carácter abierto y necesariamente cooperativo que tiene la alta tecnología en el capitalismo global del siglo XXI; y lo que el gobierno de Biden ha provocado ha sido una ruptura de esta condición cooperativa y abierta.

Todo en el capitalismo es “objetivo” y supera de lejos lo “intencional”; y las consecuencias “no queridas” se transforman en la ley de la historia, más allá de las intenciones de los protagonistas.

Esto hace a la ironía del proceso histórico, que transforma por necesidad a las compañías estadounidenses en las socias preferenciales de las firmas de la República Popular.

China importa todos los años más de U$S 400.000 millones de semiconductores o “chips”, y sus equipos productores, del sistema mundial: es de lejos el mayor mercado de “chips” o semiconductores del mundo.

Esto se debe entre otras cosas a lo siguiente: la República Popular es el sistema productivo más digitalizado del mundo, con más de 1.100 millones de usuarios de Internet, que utilizan todos ellos en un 80% equipos de Internet móvil de la 5ta Generación.

El gran incentivo de la economía china no es el aumento de la inversión, ni tampoco el crecimiento de su fuerza de trabajo, sino la competencia incesante e irrestricta que existe entre sus productores del mercado interno.

Por eso se puede afirmar que ha sido la política norteamericana destinada a frenar, y en el límite a frustrar, el desarrollo científico y tecnológico de la República Popular, el gran incentivo que ha tenido en su disputa con EE.UU en este rubro crucial.

Hace tiempo que se sabe que el verdadero peligro reside en que los sueños más profundos finalmente se realicen, sólo que convertidos – como en este caso – en ominosas pesadillas.

Las 3 principales compañías de nanotecnología de EE.UU, que son a su vez las fabricantes de los “chips” de avanzada, manifestaron ante el Congreso de Washington su oposición plena a la política del presidente Joe Biden, aduciendo que al impedir la venta o transferencia de tecnología a la República Popular las más afectadas eran las propias empresas estadounidenses, porque les impedían participar del mayor mercado de “chips” del mundo.

Esto también impedía la instalación de nuevas plantas de “chips” en EE.UU, contradiciendo el objetivo central de la ley impulsada por el gobierno demócrata – “Chips and Science Act” – sancionada en agosto de 2022, y que cuenta con un programa de subsidios por U$S 200.000 millones aprobado por el Congreso de Washington.

Esto en otros términos implica que en EE.UU hay un retraso estructural impuesto por sí mismo en la carrera mundial por liderar la dupla “chips” + Inteligencia artificial.

La economía de EE.UU experimenta una etapa de esplendor con un boom de consumo, sobre ocupación, y despliegue pleno de la Inteligencia artificial; y sin embargo su debilidad fundamental es su carencia absoluta de visión estratégica de largo plazo atribuible completamente al presidente Joe Biden. Siempre hay que distinguir entre lo esencial y lo accesorio.

Este “agujero negro” de la política norteamericana – el fenómeno físico que absorbe energía y no la crea – es el principal obstáculo que tiene EE.UU en la competencia con China en la política mundial del siglo XXI.

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