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domingo, 14 julio, 2024

Salvador de los encajados y guardián de secretos: quién es el “Rey de los médanos” de Pinamar

Tiene 53 años, la chomba roja bastante gastada y un Jeep Gladiator 64 con las palancas de cambio durísimas, siempre listas para remolcar hasta la 4×4 más pesada. Hace 40 años que Miguel Britos trabaja desencajando de la arena a los todo terreno de los turistas que se atreven a La Frontera, la zona costera que se ubica en Pinamar en el límite con Costa Esmeralda. “Soy el uno”, admite y, de alguna forma, logra transmitirlo con modestia.

Es que tal vez sea la forma de negar con la cabeza a cada pregunta incisiva. Se maneja con la reserva de quien se crió en un pueblo pequeño -“infierno grande”, dice el dicho- como era General Madariaga. Es un tipo astuto que no dirá que levantó a famosos y a más de uno de trampa.  Prefiere hacer que no con el mentón, sonreír a media asta como quien guarda un secreto y acotar con ambigüedad que “en Pinamar tampoco es que haya telos”.

A Britos no le gusta el chisme, pero en la ciudad es vox populi que puede cobrar también por el silencio. “Si el celular de Miguelito hablara, se prende fuego medio Pinamar”, cuenta una fuente y agrega que muchos se asustan por quedar infraganti en las cámaras que tiene en el Jeep y que usa por su propia seguridad: “Hay mucho falopeado en La Frontera y él está ahí andando solito, es su medio de resguardo”.

Su hijo dice que tiene YouTube entrenado para no perderse un video de Monster Trucks (camiones monstruosos) en el barro. Un hombre duro, el Rey de los Médanos de Pinamar. Y sin embargo, le gusta la idea de posar con Mandy, la caniche-toy que es su consentida y a la que lleva a todas partes. Lo de él es ver hasta donde tensar la cuerda.

Se llama Mandy y es una caniche que lo acompaña a La Frontera. Foto Fernando de la Orden

“Acá, el que maneja lento es el que sabe, el que le bajó el aire a las gomas y tiene la experiencia. Aquellos que pasan por la arena acelerando ya los miro, me estaciono cerca y solo tengo que esperar”, cuenta el hombre nacido en Madariaga desde la cima de un médano en la olla 1. “Ves, así por ejemplo es la forma más clásica en la que se quedan”, señala.

Es una camioneta blanca que sube a gran velocidad y de frente un médano. Más avanza, más fuerza pierde, hasta que al final desiste y se deja caer y vuelve de culata por el mismo rastro de las ruedas. “¿Sabés cuántos llegan arriba de frente y se quedan con las ruedas medio volando con la arena que les toca el chasis?”, dice.

El precio por sacar a alguien y llevarlo hasta la salida de La Frontera ronda los 4000 y 5000 pesos, aunque sea del lado del corredor seguro (la playa pública) o de los terrenos privados (al otro lado del empalillado). Los tiempos del trabajo varían bastante. Sacar a una 4×4 que se quedó en la arena puede tardar 15 minutos, pero del mar es más difícil: hasta tres horas. “Tenés que laburar paleando la arena cuando hay agua para que se lleve la conchilla de abajo”, explica.

Otro pinamarense cuenta que hace poco tiempo un político dijo que un remolcador de la zona le cobró 35 mil pesos por sacarlo del mar. “Me llamaron para ver si había sido yo. Eso es una total mentira. Jamás cobré eso. La gente no te paga y listo. Y también pregunté por la zona quién había sido y no me dijeron”.

Cobra entre $ 4.000 y $ 5.000 por desenterrar camionetas de la arena en La Frontera. Foto Fernando de la Orden

Otra versión es que el hecho fue en la bajada náutica de Valeria del Mar, más al sur del partido, donde Miguel no suele estar. Y que fue el político el que puso más plata con el objetivo de comprar la reserva del desencajador en cuestión.

Lo que pasa, sigue el pinamarense consultado por Clarín, es que el político “no estaba con la mujer” y Miguel “no es Heidi” tampoco. “Es una buena persona pero el tipo conoce su negocio. Es capaz de sacar gratis a un viejito o a alguien que realmente no tiene plata, pero a veces acá tenés al pibe que le sacó el auto al padre sin permiso o al que se vino con la amante para estar con la vista del mar”.

Volviendo a los médanos, a unos metros del Jeep, tres cuatriciclos se ponen en línea y salen disparados a la carera. Miguel dice que le ha tocado llevar a varios sin ruedas.

Opina que esta temporada hay mucho turista nuevo en la zona, porque por las restricciones en el mundo y el avance de la pandemia muchos prefieren no veranear afuera. Traen sus todo terreno o los alquilan y llegan a las ollas.

“La olla es mi fuente de trabajo. A veces, me llama la policía o los bomberos porque ni ellos pueden sacar a los vehículos que se quedan”. Por algo, le dicen “el Rey de los Médanos”.

“Si me sacás de los médanos, me muero”, asegura el Rey de los remolcadores. Foto Fernando de la Orden / Enviado Especial

Dice que no sabe si es que le da placer o qué es exactamente lo que siente por la arena. “Para mí es un trabajo. Eso lo tengo claro. Pero a la vez, si a mí me sacás de los médanos, me muero. Es pleno invierno y yo estoy tomando mate con mi familia frente el mar. Días lindos y de lluvia también”.

“¿Y tenés mucha competencia acá ahora que hay cada vez más turistas?”, pregunta en vano Clarín. Miguel hace que no con la cabeza y repite como si lo hubiera contestado mil veces: “No son competencia. Es gente que viene a sacar con una soga a alguien. Vienen a hacer el peso y se van. Para hacer esto tenés que ser como yo. Tenés que saber donde tiene el enganche hasta el último de los modelos de la 4×4, el UTV o el cuatriciclo”. Parece más un hecho que un acto de soberbia.

Pinamar. Enviada especial

MG

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