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Corrientes
martes, 23 julio, 2024

Dólar e inflación, fórmula del espanto

Aunque todavía queda el último día del año, que en esta ocasión coincide con la última jornada hábil del calendario, bien podría decirse en una anticipada clausura perio­dística de las actividades, teniendo en cuenta que ma­ñana no se editan los diarios y por lo tanto NORTE de Corrientes no estará en circulación, que los dos ele­mentos más nocivos de la economía argentina, el dó­lar y la inflación, han ganado la partida. Pese a todas las estratagemas -que no fueron muchas, por cierto- que implementó el gobierno de los Fernández, la fór­mula del espanto impuso condiciones hasta el último instante del 2021. La administración del Frente de To­dos no consiguió ponerle freno a la suba de precios ni montura a la cotización de la divisa norteame­ricana. Mal presagio para el año que está a punto de iniciarse. 

No es la mejor manera cerrar esta columna con novedades des­alentadoras, pero la verdad está primero. Es un principio rector de este diario. El deseo -infati­gable- es aportar al crecimiento, contribuir con ideas y propues­tas, alentar la esperanza, y en ese objetivo la idea en esta coyuntura es alisar lo más posible el camino final hacia el brindis, sin embargo casi no hay de donde asirse para apuntalar un balance positivo. El derroche de optimismo podría convertirse en un pecado de in­genuidad, mejor tener los pies en la tierra y no perder la fortaleza. 

El futuro mejor es posible, pero no se concretará por arte de magia, hay que trabajar para ello. Se nece­sita un plan, algo que las autoridades nacionales han desdeñado sistemáticamente. Las provincias también requieren de un programa, al menos una hoja de ruta que indique hacia dónde se pretende ir. No todos los mandatarios provinciales han sabido explicar el pro­yecto que tienen en mente y cómo lo piensan plasmar en realidad. Esto nos obliga a revisar lo que pasa en el Taragüí. ¿Está claro hacia dónde va Corrientes? La ciu­dadanía ha elegido mayoritariamente la continuidad del gobierno radical, que por segunda vez consigue la reelección, pero la prolongación del modelo por otros cuatro años más (ya lleva veinte en el poder) no se ha traducido en un resultado mayormente provechoso que signifique poner rumbo hacia el progreso para to­dos y todas. Por el contrario, la provincia de Corrientes parece no poder desatarse de la inercia nacional. Los indicadores de desempleo, pobreza, repitencia escolar, mortalidad infantil ratifican la continuidad de viejos males, apenas morigerados en este último tiempo.

Corrientes y su alta dependencia del Gobierno cen­tral tiene dificultades para proyectar un futuro distinto al del país, al menos un poco me­jor. Y como la agenda de la Argen­tina para el 2022 está fuertemente condicionada por los apremios económicos, es imposible no ima­ginar cuál será el derrame para la Provincia.

La oscura realidad que se aveci­na para el país está dada por la ac­ción en simultáneo o por separado de la inflación y el dólar. O el dólar y la inflación, en este caso -una vez más- el orden de los factores no al­tera el producto.

Pruebas a la vista, aunque las tarifas se encuentran semicongeladas, precios de combustibles fijos en los últimos meses, movimientos atenuados en la suba del dólar y varios programas de controles de precios, la inflación del año 2021 cerrará cercana o apenas por encima del 50%. Y se vaticina 3% promedio mensual para el año nuevo. En paralelo, ayer, el dólar blue, que se comercializa en el mercado infor­mal, tocó los $208. Un récord que ya no sorprende. 

¿Por qué será que ya no causa conmoción? Segura­mente porque el efecto acostumbramiento ha hecho su trabajo. De tanto repetirse, la gente termina poniendo en la repisa donde van las cosas de uso cotidiano dos valores que son un espanto. Así cierra el 2021. Tendría destino de olvido si no fuese porque derramará sus se­cuelas en el 2022 que apenas se está desperezando.

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